SOAVE MONICA
YO NO HABLO CON ELLA
PLANETA

Páginas: 280
Tamaño: 15.0 x 23.0 cm.
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: 9789504998808

Tres mujeres, dos ciudades y un silencio que se hereda como una condena biológica. A través de una narrativa punzante, la novela despliega el mapa del desencuentro absoluto entre tres generaciones que se miran sin reconocerse. En el centro de esta fractura está la enfermedad mental de la abuela, Camille, que no solo borra su pasado en la guerra, sino que también clausura cualquier puente de comunicación, transformando su lengua materna el francés en un secreto inaccesible. Frente a ella, la narradora lidia con la imposibilidad de empatizar con un cuerpo habitado por la demencia, midiendo el desgaste de los días a través de un inventario implacable de fármacos, los propios para el dolor crónico que la habita y los de ellas: Carbamazepina, Quetiapina, Clonazepam. Cada dosis puntúa el peso de un dolor agudo y visceral. En el extremo opuesto de la línea se encuentra Vera, la nieta: habitando una distancia real y lingüística en París, construyendo su propia vida en otro idioma, lejos de la ansiedad que le llega del otro lado del océano. Con una prosa lúcida y madura, Yo no hablo con ella prescinde de la autocompasión para radiografiar la incomprensión familiar con una precisión clínica, convirtiendo el silencio en el personaje más feroz del relato.

YO NO HABLO CON ELLA

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Tres mujeres, dos ciudades y un silencio que se hereda como una condena biológica. A través de una narrativa punzante, la novela despliega el mapa del desencuentro absoluto entre tres generaciones que se miran sin reconocerse. En el centro de esta fractura está la enfermedad mental de la abuela, Camille, que no solo borra su pasado en la guerra, sino que también clausura cualquier puente de comunicación, transformando su lengua materna el francés en un secreto inaccesible. Frente a ella, la narradora lidia con la imposibilidad de empatizar con un cuerpo habitado por la demencia, midiendo el desgaste de los días a través de un inventario implacable de fármacos, los propios para el dolor crónico que la habita y los de ellas: Carbamazepina, Quetiapina, Clonazepam. Cada dosis puntúa el peso de un dolor agudo y visceral. En el extremo opuesto de la línea se encuentra Vera, la nieta: habitando una distancia real y lingüística en París, construyendo su propia vida en otro idioma, lejos de la ansiedad que le llega del otro lado del océano. Con una prosa lúcida y madura, Yo no hablo con ella prescinde de la autocompasión para radiografiar la incomprensión familiar con una precisión clínica, convirtiendo el silencio en el personaje más feroz del relato.